Comentan que el hombre, y la mujer, somos seres racionales. Ser racional significa tener la capacidad de pensar, evaluar y actuar utilizando la lógica y el análisis en lugar de dejarse llevar por los impulsos o las emociones. Según la IA, lo racional implica buscar el sentido de las cosas, sopesar ventajas y desventajas antes de decidir y ajustar las propias creencias en función de la evidencia y de la experiencia. La racionalidad se manifiesta sobre todo en la toma de decisiones.
Llegados los
75, la experiencia me dice que la racionalidad existe y vale, pero las
decisiones vitales, las más importantes se toman bajo el síndrome de las
emociones y la intuición.
Uno se hace
amigo de personas sin conocerlas demasiado. Te caen bien, por alguna razón no
explicitada y te dejas arrastrar por esas vibraciones que tú entiendes como
positivas. Con el tiempo comprobarás si llevaban razón tus emociones o solo
eran sensaciones fatuas, pero la decisión la tomaste sin un análisis previo,
sin evaluar los pros ni los contras.
Cuando eliges
pareja te pasa igual. Los meses previos para emparejarte ves que las cosas
funcionan, que hay feeling, que te puedes entender. Sigues, avanzas y
profundizas, pero no dejan de ser sensaciones. Cuando decides el vivir juntos o
formalizas con papeles, el escenario cambia por completo y te das cuenta de que
las cosas no son como eran. Algunas pueden ir a mejor, otras a peor, pero la
escala cambia y el día a día también. Tienes que aprender porque cambiáis los
dos y también cambian las circunstancias. Es cierto que has de tener paciencia,
medir y no precipitarte, pero surgen historias que nunca pensaste y nunca
previstes… Sencillamente, te dejaste llevar por emociones. Las razones suelen
aparecer después. Generalmente ganan las emociones. Las rupturas, o
discusiones, también suelen producirse por choques de emociones.
Lo mismo te pasa
con los padres ancianos y con los hijos. El cariño y el roce derrotan a las
razones que a veces se presentan como insalvables cimas. La emoción las
desgasta, las alisa y tú, sabiendo que estás haciendo lo contrario de lo que
piensas, sigues adelante impulsado por una inquietud que no comprendes de donde
sale, pero que te domina. Ya lo decía Pascal: “el corazón tiene sus razones,
que la razón no comprende”.
¿Para qué tanto pensar entonces si al final es el torrente de emociones el que inclina la balanza y la toma las decisiones? En política, en la familia o en el trabajo hay auténticos expertos en manipulación. Saben que pulsando las teclas emocionales se terminará haciendo lo que ellos dicen. Además te quedarás contento pensando que has hecho lo que tú querías. Esa es su habilidad de la que salen siempre beneficiados.
Los políticos,
con su legión de asesores sociólogos y psicólogos, son hábiles expertos.
Controlan las emociones de millones de personas, ya sea apretando la tecla del
emigrante, la del fútbol o la de los terroristas. Si a la primera no funciona,
se trata de pulsar otra vez, o diez veces más. Al final el corazón decide, las
neuronas racionales se ablandan y el personal acaba comprendiendo al
manipulador que, con inteligencia, exhibe su triunfo como un logro colectivo.
En las guerras
se acude al patriotismo, en los deportes se alude a la bandera o al territorio,
en la familia se nombra a los ancestros, en las iglesias se tira del complejo
de culpabilidad y de la incertidumbre de la eternidad, en las catástrofes “te
podía haber pasado a ti”, en los fracasos te citan al “tú puedes” y ante una
muerte está el socorrido “te acompaño en el sentimiento” con la intención de
que no te hundas en la pena. En el terreno del marketing, las emociones se
escriben con potentes imágenes y pormenorizados textos de impacto: Compra esto
porque serás más feliz; échate esta colonia porque estremecerá a tus amigos;
viaja a la Conchinchina, te sentirás más segura; disfruta de este yogurt,
mejorará tu figura y relajará tu ánimo.
En todos los
casos te alimentan el psique de las emociones. Así te dominan. Son vendedores
de cantos de sirena que solo buscan equilibrar su ego o aumentar su bolsillo.
Usan lo emocional para ocultar sus verdaderas intenciones. Es lo que hay. Ojo
porque estamos en la época de las experiencias enriquecedoras, de los latidos
únicos y del bienestar inquebrantable. Todos felices. Los dominadores porque
dominan y se salen con la suya y los dominados porque no se dan cuenta de su
dependencia. La vida sigue.
Como siempre
no hay soluciones ni mágicas ni universales. Cada persona es distinta y cada
situación diferente, si bien es cierto que el pensamiento crítico y una mente
analítica te evitarán algunos sofocones y te darán alguna luz. Tampoco podemos
ser máquinas. Lo recomendable es mantener cierto equilibrio y conocer el por
qué tomas determinados caminos.
Este texto solo pretende advertir ante los radicalismos, ya sea racionalista o emocional.

