Fue el nueve de julio del 2026 cuando la familia Cebolleta cogió el AVE de RENFE para trasladarse desde Madrid a Córdoba. Eran las siete de la tarde cuando el tren partía de la estación Madrid – Atocha.
Dado que estamos en
el 2026, conviene aclarar que la familia Cebolleta es una historieta creada por
el ingenioso, e inconfundible, dibujante Manuel Vázquez, allá por 1951, año en
el que me asomé a la ventana del mundo en el hospital de la Cruz Roja, de
Córdoba. Las aventuras y anécdotas de don Rosendo, padre de familia, calvo, con
bigote y pajarita, siempre metido en líos; doña Laura, madre y ama de casa;
Diógenes, su hijo, calvo en la primeras historietas que luego se volvió rubio;
Pocholita o Lolita, su hija joven y atractiva; Jeremías, un loro bastante
deslenguado que fuma puros y el abuelo Cebolleta, con su enorme barba blanca y
su interminable diarrea verbal obsesionado por contar batallitas, forman parte
del imaginario colectivo de toda una generación. Salvando las distancias, el
abuelo Cebolleta llegó a ser tan famoso como don Quijote, al menos en el escenario
nacional. Vamos a poner a viajar a toda la familia en pleno siglo XXI y a ver
qué pasa.
Advertimos
que la familia Cebolleta mantenía los rasgos básicos de sus peculiaridades,
pero estaban puestos al día en nuevas tecnologías, en aconteceres políticos y actualidad
deportiva, eventos culturales propios del 2026, etc… Algo parecido a lo que
ocurre con los teléfonos móviles: sufren las actualizaciones que las
multinacionales desean, siempre -por supuesto- para el bienestar del cliente.
—
El tren sale con una puntualidad increíble, comentó don
Rosendo mientras todos miraban por las ventanillas.
—
Y qué rápido va, apenas se nota el cha – ca – chá del tren,
apuntó doña Laura.
—
Pues parece que frena, indicó Pocholita.
—
El tren se ha parado. No ha pasado ni un minuto y nos hemos
parado, añadió Diógenes con la cara pegada en el cristal.
—
Este tren es una cafetera y para colmo no se puede fumar
—denunció Jeremías con voz de loro cabreado y una ligera mala leche debido al
bajón en si nivel de nicotina.
—
Pues una vez, cuando yo era niño, comenzó a contar el abuelo,
íbamos de Madrid a Salamanca y al tren le pasó lo mismo. Acompañaba yo a mis
padres para visitar a mi abuela. Habíamos sacado la tortilla de patatas y el
frenazo fue tan brusco que mi madre se cayó al suelo, con tortilla y todo. Se
formó un revuelo tremendo y cuando la levantamos, la tortilla había
desaparecido y bla, bla, bla….y unos soldados dijeron…. bla, bla, bla y el
revisor enfadado dijo… bla, bla, bla….
—
Abuelo, ya está bien, reclamó Lolita mientras echaba una
ojeada al fondo del vagón buscando caras jóvenes.
El
vecino de atrás, en un castizo sevillano, con voz muy alta dijo: ¡Ea, señores,
salida Atocchhaa, parada Atocchhaa. ¡Lla hemos lllegao! ¿Será posible? ¡Con
razón le dicen a esto harta velocidad! Va tan lento que te hartas de
velocidad.
Don Rosendo no pudo evitarlo y le exigió
que, por favor, tuviera respeto por los servicios públicos ya que están pagados
con el dinero de todos.
—
Mire señor, respeto es lo que no nos tiene el Gobierno. Que
un AVE se pare al minuto de salir, es una vergüenza. Si de mi dependiera, metía
el tren en un asilo con algunos ministros dentro.
—
Compañero de viaje, terció doña Laura, eso es un disparate.
Habrá que conocer las causas de la avería.
—
Lleva usted razón. Habrá que enterarse. Soy un poquito
exagerado. No quiero el mal de nadie, pero ¿no le suena usted a cachondeo que a
un tren se le paren los motores al minuto de salir? ¿Qué tipo de revisiones le
hacen? ¿Para qué sirve tanta informática? Menos mal que es un AVE que va por la
tierra y no un avión.
Escudadas
en sus asientos, son varios las viajeras que se unen al intercambio de
comentarios y valoraciones en voz alta:
—
Si es que no le ha dado tiempo ni de meter la segunda.
¡Qué desastre!— se oyó por el fondo izquierda.
—
Al menos que nos remolquen marcha atrás. Llegaremos antes. Aún
no hemos salido de Madrid, comentó otra chica con pamela y gafas de sol.
—
Que alguien me dé un abanico, murmuró Jeremías. Esto es un
avicidio doble: se ha muerto el avetren y después me moriré yo, de
calor. ¡ Romped una ventanilla! Yo, con un poco hueco me conformo.
—
Por favor, que alguien le de un orfidal al loro. No lo
soporto. ¡ Me come la moral! ¡ Me produce agobio y muchos nervios! Calor, el
tren parado y ese loro que habla más que una cotorra… ¡Es una situación
insoportable!
—
¿Tu madre bien, verdad? —respondió Jeremías.
En esto, pasa el
supervisor de servicio e informa de viva voz que el maquinista está tratando de
arreglar la avería, que se trata de una avería técnica y que disculpemos las
molestias. Un comprensivo pasajero le dice que en la maleta lleva un
destornillador y una navajita multiuso, por si sirve para algo. El supervisor,
algo lívido le da las gracias y le dice:
—“No se preocupe, el
tren está equipado con herramientas de emergencia. Llevamos un segundo
ordenador de control, un móvil para uso en las catástrofes, 500 litros de agua
mineral y un botiquín de calamidades. Aparte está, claro está, una caja de
herramientas diversas compradas en el Lidl para este tipo de situaciónes. No
estamos seguros de que los sensores de ubicación funcionen, pero entiendo de que
los de Madrid y en Córdoba se han tenido que dar cuenta de que estamos parados”.
Doña Laura, escuchadora de todo lo
anterior le dice a don Rosendo que se baje del tren. Que coja su blusa roja y
camine hacia Madrid agitándola como señal de peligro y presencia. “Espero que
no nos embista ningún tren por atrás”, dice.
El supervisor de servicio, máxima
autoridad a bordo, les advierte a los dos que no podrán salir: “Las puertas no
se abren. Nadie puede salir a pesar de que el aire acondicionado ya no acondiciona
nada”.
Después de 25 minutos de parón, don
Rosendo va a la cafetería, coche número 4. Necesita comprar agua. El loro le
pide acompañarlo y él accede. La cafetería era la alegría de la huerta: llena,
llenísima.
Un cliente pregunta a los camareros:
¿Ustedes no tendrán nada que ver con la avería? Lo digo por las ganancias de
las superventas.
Jeremías interviene: ¿Tienen comidas
para loros? Esto es una emergencia. O me dan de comer o me quejaré formalmente
a la Sociedad Protectora de Animales Exijo mis derechos. Si no tienen comida,
ruego que movilicen a la UME para que me rescate.
Uno de los camareros responde:
— No tenemos comida para loros. Proteste
donde quiera.
Dirigiéndose a la gente le dice:
— Compren, compren… aprovechen que las
bebidas aún están frías. Dentro de un rato, si el tren no arranca, estarán
calientes.
Son las 19:30. Llega el primer
mensaje de RENFE. Dice así: Debido a una incidencia técnica de equipos de a
bordo, tu tren AVE 2190 se encuentra detenido a la salida de Madrid P. Atocha.
Estamos trabajando para solucionar la incidencia. Disculpa las molestias.
Nada dice de las idas y venidas del aire acondicionado.
Al cabo de quince minutos más, el
tren arranca. Recorre cinco o diez metros. Vuelve a pararse. Varios teléfonos móviles
del vagón suenan al unísono. Mensaje de RENFE, 19:54: por razones técnicas, llevamos
unos cuarenta minutos de retraso. Vuelvan a disculpar las molestias. Por
favor, preste atención a las indicaciones de nuestro personal.
Al estar todo herméticamente cerrado
los abanicos llevan veinte minutos de protagonismo. Alguien se cabrea y,
hablando en alto, dice que son demasiados los ministros que no tienen
responsabilidad ni vergüenza. La dejadez por la cosa pública es manifiesta:
carreteras, vías, hospitales, formación profesional, … ¡Asco de gobernantes que
no tienen ni idea! Personajillos venidos a más por el carné del partido y por
la obediencia al líder.
El abuelo Cebolleta, escondido en su
barba blanca, denuncia que hoy en España, la capacidad y el criterio son un
inconveniente para ejercer de político.
Arranca el tren sin funcionar el
aire… se anima… coge velocidad …. Y ¡arranca el aire acondicionado! El tren
circula media hora bien… aunque el aire se enciende y se apaga caóticamente.
20:15 h- Hola fulanito, información de tu viaje a Córdoba-
Estación Julio Anguita: Debido a un incendio próximo a la infraestructura
ferroviaria, se encuentra interrumpida la circulación entre Alcolea y la
estación de Córdoba. Tu tren puede registrar detenciones, circular a velocidad
reducida y acumular una demora significativa. Por favor, presta atención a las
indicaciones de nuestro personal. Gracias.
Jeremías añade:
— ¡Lo que faltaba, un incendio! Espero
que no ardan las vías… Pues que se pare el tren, que no quiero morir asadito.
Paradiña del tren de unos cinco minutos…
Seguimos a velocidad AVE y con refrigeración. El aire se apaga y se enciende al
azar. El tiempo y el destiempo se mezclan formando un todo. La temperatura
interior del tren forma parte de una misteriosa lotería.
Son las 8:40 cuando el tren pasa por
el aeropuerto parking de Ciudad Real. La ciudad es real, pero el megaproyecto
millonario es pura ficción. Algo parecido a la familia Cebolleta y a su viaje
en un AVE que hoy, al menos, no lo es.
A las 8:50 el tren, muuuuuyyy deespaaciiiitoo,
deja Puertollano atrás, municipio que en contra de la leyenda popular, explica
don Rosendo, cumple geográficamente las dos condiciones que contiene su nombre.
9:09: aire no ok, tren bien… A las 9:13 aire ok. El loro suda
la gota gorda.
9:20: Vva de Córdoba: Paso tortuga. STOP. Aire OK.
Avisan por megafonía que paramos en Villanueva
de Córdoba porque la estación de Córdoba está saturada por trenes que van
delante. Lo explica el supervisor de servicio …los trenes han tenido que ir lentos
al pasar por la zona del incendio.
Don Rosendo, comenta:
— ¡Vaya tela, la tarde que está pasando
este hombre!... otro viaje como este y pide la jubilación anticipada.
Diógenes, en un alarde de ingenio, con gracia e ironía, dice:
—¡Ya solo falta que pinchemos una rueda! ¡Vaya tren
desgraciao!...¡que lo tiren o que lo vendan…aunque no creo que nadie lo querrá
comprar!
-
Al
menos no hemos volcado ni hemos tenido ningún accidente… dice una viajera
agradecida al destino.
El abuelo Cebolleta aprovecha la
intervención para comentar que el tren de la bruja de las ferias va más rápido
que los AVEs de ahora…. “Por cierto que una vez me entró carbonilla en un ojo y
estuvo llorándome tres días. La gente me preguntaba que si se me había muerto
alguien y yo tenía que explicarle que iba en el tren ventanilla abierta,…. Bla
bla bla… bla…
-
Abuelo
no empiece que se embala, pare, pare…
-
Cuando
tengas mi edad tú también querrás contar historias… porque sabes…. Los abuelos
hemos vivido mucho y tenemos muchas cosas que contar… Tú contarás este desastre
de viaje cuando tengas mis años… ya lo verás… ya lo verás….
A las 22:10, 1 hora y 26 minutos más
tarde de la llegada prevista, …la familia Cebolleta subía las escaleras
metálicas que conducen al nivel de la calle de la estación.
La impotencia de la familia
Cebolleta, y la de todos los viajeros, es total. Todos coinciden en que el
servicio de RENFE fue pésimo. No ha sido un viaje. Ha sido un abuso. Intentaremos
coger un taxi para llegar a casa, alega don Rosendo.
Papá dice Lolita: La próxima vez
cogemos un bus. Los excepcionales retrasos de RENFE, en antaño, se han
convertido en costumbre propia del cuarto mundo. ¿Qué está pasando con RENFE?
Nota: quién más dice defender lo público, más lo usa para sus fines particulares y más lo abandona.












