martes, 7 de noviembre de 2023

Ley Puigdemont: ley impunidad

 

Puigemont sabe de sobra que lo hizo mal. Pedro Sánchez también es consciente de esa situación. Es por eso que quieren una ley de amnistía amplia, sólida, líquida y gaseosa: amplia, para acoger al mayor número de personas y posibilidades; sólida, porque tiene que tener unas buenas bases jurídicas, sociales y políticas; líquida, para que se derrame por sus bordes y gaseosa para que ocupe todos los espacios disponibles. Una ley que no permita ningún resquicio por el que pudiera penetrar la balanza de la justicia, ni en España, ni, por supuesto, en Europa. De todas formas, cocinar el guiso de la amnistía en España, no implica que se lo coman los tribunales europeos. Lo sabemos de sobra.

En estos meses de contactos y negociaciones, Junts y PSOE tienen que buscar un agujero en el Estado de Derecho Español construido durante décadas. Le llaman ingeniería judicial, cirugía fina utilizando como bisturí las palabras, nanomanipulación de los textos legales. ¡Es el poder! ¡Idiota! Estamos en el campo de la política donde prevalece aquella máxima “marxista”: <<Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros>>.

Es en ese sistema de coordenadas tridimensional, poder, poder y poder, donde se encuadran todos los oscuros movimientos semiclandestinos que están ocurriendo para que Sánchez y su entorno conserven La Moncloa. Oportuna discreción le llaman algunos medios.

Puigdemont tiene a Sánchez y, de rebote, a España donde siempre los quiso tener: arrodillados, humillados, desprestigiados,… Todo se cede en nombre de una engañosa convivencia -los indepes solo ponen la mano- con tal de conseguir el apoyo de los siete escaños de Junts en el Congreso de los Diputados, con un 1’6 % del total de votos y un 2% del total de escaños, números que indican que los partidos minoritarios disfrutan –han disfrutado desde la Transición- de un exceso de representación. La Transición – esa magnífica etapa de encuentros y reconciliaciones, salvo los de rencor máximo, no exenta de dificultades- fue muy generosa y respetuosa con las minorías concentradas. Generosidad escasamente reconocida y en demasiadas ocasiones maltratada con deslealtades varias.

Una amnistía como la que se prevé equivale a una impunidad total y eso necesita de un consenso y clima social que hoy, en España, no se da. En caso de duda, sométase a referendum. Puigdemont además, consciente de la ocasión, de la ambición sanchezca y de su buena predisposición con los republicanos que boicotean por sistema todos los actos de una Monarquía Parlamentaria, Constitucional y Democrática, ha puesto en marcha su gran exprimidor y aguantará hasta el último segundo para obtener la última gota en forma de concesiones políticas, concierto económico especial, ampliación perimetral de la amnistía para incluir a posibles delincuentes comunes y misiles al Estado de Derecho Español para conseguir, si no su abolición, sí su máxima destrucción y su ingreso prolongado y silencioso en la UVI. De alguna manera trata de hacer “de lo catalán” una isla donde la Justicia Española no pueda desembarcar. En resumidas cuentas se trata de un chantaje de libro para conseguir “olvidos”, privilegios, desigualdad, desprestigiar la Transición y deshuesar la Constitución. Con todos mis respetos, Sánchez para Puigdemont es la Virgen de Montserrat, la de Lourdes, la de Fátima y la del Pilar, todas juntas. El Estado admite que se equivocó y pide disculpas, algo "Más raro que los gatos de la tía Torrica, que cerraban los ojos para no ver los ratones" según un dicho popular de Los Pedroches.

Ante tales desmanes –hay una letra de canción que manda copiar cien veces que esas cosas no se hacen- encontramos la protesta legítima de la ciudadanía, muchos medios de comunicación, la calle, el Senado y asociaciones de todo tipo. Por otra parte, dada la importancia de los hechos que estamos viviendo, es preocupante que el Congreso de los Diputados permanezca extrañamente inactivo. Lo cierto es que las manifestaciones del PP y Vox contra la amnistía inundan el país. En este sentido hay que advertir que la oposición debe hacer las cosas bien, nada de caos, nada de violencia ni de manifestaciones espontáneas. Hacer las cosas mal son bazas para Sánchez. No soy de la opinión de protestar ante sedes o acordonar Parlamentos. Las legítimas y democráticas protestas han de hacerse en avenidas, calles y plazas. Ninguna provocación y nada de banderas preconstitucionales. Si alguien hace las cosas mal eso no justifica que las puedas hacer tú.

Salidas diferentes a este embrollo las hubo y aún hoy las hay: Si el partido socialista tuviera menos tintes personalistas, debiera haber reconocido su derrota y –previa negociación- ofrecer un número mínimo de diputados para investir a Feijoo como Presidente. La actitud de respeto hacia el adversario político es básica en una democracia que se precie. El PSOE no puede estar a merced de un universo de micropartidos y convertirse en el caballo de Troya del independentismo, o en su quinta columna como afirman algunos medios. Si el PSOE no dejó a Podemos la presidencia en el 2019, por la misma razón –mayor número de diputados- la presidencia ahora le correspondería al PP. De seguir el PSOE con esa deriva de populismo, alguien debería de plantearse la fundación de un nuevo partido socialdemócrata capaz de formar gobierno con el centro derecha –en países europeos ocurre- e impedir así el eterno chantaje identitario de los nacionalismos catalán y vasco.

La división del país –amnistía, sí, amnistía no-, el elevado precio que el Gobierno en funciones y los españoles estamos pagando y las graves repercusiones que se derivarían de una perversa impunidad a la clase política, deberían conducir a Pedro Sánchez a una nueva convocatoria de elecciones. Esta decisión sería sensata, razonable, legítima y adecuada para dar salida al envenenado resultado que nació el pasado mes de julio. Hay marcha atrás si el Presidente lo decide. Como decía el señor Zapatero en Onda Cero no hace mucho, “si hay que cambiar de opinión, pues se cambia”. De todas formas mi opción sigue siendo un gobierno de coalición PP-PSOE, pero como eso es más que improbable porque algunos se han encargado de dinamitar los puentes, me conformaría con un gobierno del PP –nítido ganador de las elecciones- con apoyos puntuales y condicionados de un PSOE que defendió la aplicación del 155 en Cataluña. Siempre podremos decir ¡Es la democracia, sin chantajes ni peajes que generan mayor asimetría y mayor desigualdad!

Para terminar quiero explicar el título de estas líneas: Las he denominado “Ley Puigdemont” porque la aún no conocida ley, en su esencia, la ha hecho él – y sus asesores-, por supuesto para los suyos y para él. Responde a sus necesidades y es fácil suponer que contendrá sus medidas, diseñando sus contenidos y sus repercusiones. Solo le faltaría firmar la ley, junto al Presidente de Gobierno, en lugar del Rey, lo cual recordaría a Juan Palomo.

Consideraciones de última hora: Dada la velocidad a la que se producen las noticias sobre “la amnistía y sus alrededores”, me resultan significativas las numerosas y constantes manifestaciones ante las sedes socialistas, la respuesta policial a estas “manis”, que el CGPJ apruebe una declaración contra la amnistía sin conocer el texto que la declara y que Puigdemont y Marta Rovira, exdiputada del Parlamento de Cataluña y Secretaria General de ERC, sean imputados por terrorismo en el caso de Tsunami Democràtic. También es de destacar que la Fiscalía General del Estado, siempre bajo la supervisión del gobierno, debido a "un error", cambiara de criterio después de las elecciones de julio pasado: lo hecho por Tsunami Democràtic pasó de terrorismo a desordenes públicos. Y como guinda esperada, ahora resulta que Puigdemont enfría las negociaciones y rompe la agenda del PSOE. Espero que en días sucesivos tengamos algo más de luz sobre estos hechos, acontecimientos que podrían ser determinantes. Es de desear que el bien común y la política razón predominen sobre la política pasión, aunque creo que todo esto es un teatrillo con final anunciado: habrá acuerdo Junts-PSOE al ritmo Puigdemont, seguramente a ultimísima hora.

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