domingo, 9 de agosto de 2026

AVE iterum morata est


 Fue el nueve de julio del 2026 cuando la familia Cebolleta cogió el AVE de RENFE para trasladarse desde Madrid a Córdoba. Eran las siete de la tarde cuando el tren partía de la estación Madrid – Atocha.

Dado que estamos en el 2026, conviene aclarar que la familia Cebolleta es una historieta creada por el ingenioso, e inconfundible, dibujante Manuel Vázquez, allá por 1951, año en el que me asomé a la ventana del mundo en el hospital de la Cruz Roja, de Córdoba. Las aventuras y anécdotas de don Rosendo, padre de familia, calvo, con bigote y pajarita, siempre metido en líos; doña Laura, madre y ama de casa; Diógenes, su hijo, calvo en la primeras historietas que luego se volvió rubio; Pocholita o Lolita, su hija joven y atractiva; Jeremías, un loro bastante deslenguado que fuma puros y el abuelo Cebolleta, con su enorme barba blanca y su interminable diarrea verbal obsesionado por contar batallitas, forman parte del imaginario colectivo de toda una generación. Salvando las distancias, el abuelo Cebolleta llegó a ser tan famoso como don Quijote, al menos en el escenario nacional. Vamos a poner a viajar a toda la familia en pleno siglo XXI y a ver qué pasa.

             Advertimos que la familia Cebolleta mantenía los rasgos básicos de sus peculiaridades, pero estaban puestos al día en nuevas tecnologías, en aconteceres políticos y actualidad deportiva, eventos culturales propios del 2026, etc… Algo parecido a lo que ocurre con los teléfonos móviles: sufren las actualizaciones que las multinacionales desean, siempre -por supuesto- para el bienestar del cliente.

   El tren sale con una puntualidad increíble, comentó don Rosendo mientras todos miraban por las ventanillas.

   Y qué rápido va, apenas se nota el cha – ca – chá del tren, apuntó doña Laura.

   Pues parece que frena, indicó Pocholita.

   El tren se ha parado. No ha pasado ni un minuto y nos hemos parado, añadió Diógenes con la cara pegada en el cristal.

   Este tren es una cafetera y para colmo no se puede fumar —denunció Jeremías con voz de loro cabreado y una ligera mala leche debido al bajón en si nivel de nicotina.

   Pues una vez, cuando yo era niño, comenzó a contar el abuelo, íbamos de Madrid a Salamanca y al tren le pasó lo mismo. Acompañaba yo a mis padres para visitar a mi abuela. Habíamos sacado la tortilla de patatas y el frenazo fue tan brusco que mi madre se cayó al suelo, con tortilla y todo. Se formó un revuelo tremendo y cuando la levantamos, la tortilla había desaparecido y bla, bla, bla….y unos soldados dijeron…. bla, bla, bla y el revisor enfadado dijo… bla, bla, bla….

   Abuelo, ya está bien, reclamó Lolita mientras echaba una ojeada al fondo del vagón buscando caras jóvenes.

El vecino de atrás, en un castizo sevillano, con voz muy alta dijo: ¡Ea, señores, salida Atocchhaa, parada Atocchhaa. ¡Lla hemos lllegao! ¿Será posible? ¡Con razón le dicen a esto harta velocidad! Va tan lento que te hartas de velocidad.

      Don Rosendo no pudo evitarlo y le exigió que, por favor, tuviera respeto por los servicios públicos ya que están pagados con el dinero de todos.

   Mire señor, respeto es lo que no nos tiene el Gobierno. Que un AVE se pare al minuto de salir, es una vergüenza. Si de mi dependiera, metía el tren en un asilo con algunos ministros dentro.

   Compañero de viaje, terció doña Laura, eso es un disparate. Habrá que conocer las causas de la avería.

   Lleva usted razón. Habrá que enterarse. Soy un poquito exagerado. No quiero el mal de nadie, pero ¿no le suena usted a cachondeo que a un tren se le paren los motores al minuto de salir? ¿Qué tipo de revisiones le hacen? ¿Para qué sirve tanta informática? Menos mal que es un AVE que va por la tierra y no un avión.

Escudadas en sus asientos, son varios las viajeras que se unen al intercambio de comentarios y valoraciones en voz alta:

   Si es que no le ha dado tiempo ni de meter la segunda. ¡Qué desastre!— se oyó por el fondo izquierda.

   Al menos que nos remolquen marcha atrás. Llegaremos antes. Aún no hemos salido de Madrid, comentó otra chica con pamela y gafas de sol.

   Que alguien me dé un abanico, murmuró Jeremías. Esto es un avicidio doble: se ha muerto el avetren y después me moriré yo, de calor. ¡ Romped una ventanilla! Yo, con un poco hueco me conformo.

   Por favor, que alguien le de un orfidal al loro. No lo soporto. ¡ Me come la moral! ¡ Me produce agobio y muchos nervios! Calor, el tren parado y ese loro que habla más que una cotorra… ¡Es una situación insoportable!

   ¿Tu madre bien, verdad? —respondió Jeremías.

En esto, pasa el supervisor de servicio e informa de viva voz que el maquinista está tratando de arreglar la avería, que se trata de una avería técnica y que disculpemos las molestias. Un comprensivo pasajero le dice que en la maleta lleva un destornillador y una navajita multiuso, por si sirve para algo. El supervisor, algo lívido le da las gracias y le dice:

—“No se preocupe, el tren está equipado con herramientas de emergencia. Llevamos un segundo ordenador de control, un móvil para uso en las catástrofes, 500 litros de agua mineral y un botiquín de calamidades. Aparte está, claro está, una caja de herramientas diversas compradas en el Lidl para este tipo de situaciónes. No estamos seguros de que los sensores de ubicación funcionen, pero entiendo de que los de Madrid y en Córdoba se han tenido que dar cuenta de que estamos parados”.

Doña Laura, escuchadora de todo lo anterior le dice a don Rosendo que se baje del tren. Que coja su blusa roja y camine hacia Madrid agitándola como señal de peligro y presencia. “Espero que no nos embista ningún tren por atrás”, dice.

El supervisor de servicio, máxima autoridad a bordo, les advierte a los dos que no podrán salir: “Las puertas no se abren. Nadie puede salir a pesar de que el aire acondicionado ya no acondiciona nada”.

Después de 25 minutos de parón, don Rosendo va a la cafetería, coche número 4. Necesita comprar agua. El loro le pide acompañarlo y él accede. La cafetería era la alegría de la huerta: llena, llenísima.

Un cliente pregunta a los camareros: ¿Ustedes no tendrán nada que ver con la avería? Lo digo por las ganancias de las superventas.

Jeremías interviene: ¿Tienen comidas para loros? Esto es una emergencia. O me dan de comer o me quejaré formalmente a la Sociedad Protectora de Animales Exijo mis derechos. Si no tienen comida, ruego que movilicen a la UME para que me rescate.

Uno de los camareros responde:

   No tenemos comida para loros. Proteste donde quiera.

Dirigiéndose a la gente le dice:

   Compren, compren… aprovechen que las bebidas aún están frías. Dentro de un rato, si el tren no arranca, estarán calientes.

Son las 19:30. Llega el primer mensaje de RENFE. Dice así: Debido a una incidencia técnica de equipos de a bordo, tu tren AVE 2190 se encuentra detenido a la salida de Madrid P. Atocha. Estamos trabajando para solucionar la incidencia. Disculpa las molestias.

Nada dice de las idas y venidas del aire acondicionado.

Al cabo de quince minutos más, el tren arranca. Recorre cinco o diez metros. Vuelve a pararse. Varios teléfonos móviles del vagón suenan al unísono. Mensaje de RENFE, 19:54: por razones técnicas, llevamos unos cuarenta minutos de retraso. Vuelvan a disculpar las molestias. Por favor, preste atención a las indicaciones de nuestro personal.

Al estar todo herméticamente cerrado los abanicos llevan veinte minutos de protagonismo. Alguien se cabrea y, hablando en alto, dice que son demasiados los ministros que no tienen responsabilidad ni vergüenza. La dejadez por la cosa pública es manifiesta: carreteras, vías, hospitales, formación profesional, … ¡Asco de gobernantes que no tienen ni idea! Personajillos venidos a más por el carné del partido y por la obediencia al líder.

El abuelo Cebolleta, escondido en su barba blanca, denuncia que hoy en España, la capacidad y el criterio son un inconveniente para ejercer de político.

Arranca el tren sin funcionar el aire… se anima… coge velocidad …. Y ¡arranca el aire acondicionado! El tren circula media hora bien… aunque el aire se enciende y se apaga caóticamente.

20:15 h- Hola fulanito, información de tu viaje a Córdoba- Estación Julio Anguita: Debido a un incendio próximo a la infraestructura ferroviaria, se encuentra interrumpida la circulación entre Alcolea y la estación de Córdoba. Tu tren puede registrar detenciones, circular a velocidad reducida y acumular una demora significativa. Por favor, presta atención a las indicaciones de nuestro personal. Gracias.

Jeremías añade:

   ¡Lo que faltaba, un incendio! Espero que no ardan las vías… Pues que se pare el tren, que no quiero morir asadito.

Paradiña del tren de unos cinco minutos… Seguimos a velocidad AVE y con refrigeración. El aire se apaga y se enciende al azar. El tiempo y el destiempo se mezclan formando un todo. La temperatura interior del tren forma parte de una misteriosa lotería.

Son las 8:40 cuando el tren pasa por el aeropuerto parking de Ciudad Real. La ciudad es real, pero el megaproyecto millonario es pura ficción. Algo parecido a la familia Cebolleta y a su viaje en un AVE que hoy, al menos, no lo es.

A las 8:50 el tren, muuuuuyyy deespaaciiiitoo, deja Puertollano atrás, municipio que en contra de la leyenda popular, explica don Rosendo, cumple geográficamente las dos condiciones que contiene su nombre.

9:09: aire no ok, tren bien… A las 9:13 aire ok. El loro suda la gota gorda.

9:20: Vva de Córdoba: Paso tortuga. STOP. Aire OK.

Avisan por megafonía que paramos en Villanueva de Córdoba porque la estación de Córdoba está saturada por trenes que van delante. Lo explica el supervisor de servicio …los trenes han tenido que ir lentos al pasar por la zona del incendio.

Don Rosendo, comenta:

   ¡Vaya tela, la tarde que está pasando este hombre!... otro viaje como este y pide la jubilación anticipada.

Diógenes, en un alarde de ingenio, con gracia e ironía, dice:

—¡Ya solo falta que pinchemos una rueda! ¡Vaya tren desgraciao!...¡que lo tiren o que lo vendan…aunque no creo que nadie lo querrá comprar!

-        Al menos no hemos volcado ni hemos tenido ningún accidente… dice una viajera agradecida al destino.

El abuelo Cebolleta aprovecha la intervención para comentar que el tren de la bruja de las ferias va más rápido que los AVEs de ahora…. “Por cierto que una vez me entró carbonilla en un ojo y estuvo llorándome tres días. La gente me preguntaba que si se me había muerto alguien y yo tenía que explicarle que iba en el tren ventanilla abierta,…. Bla bla bla… bla…

-        Abuelo no empiece que se embala, pare, pare…

-        Cuando tengas mi edad tú también querrás contar historias… porque sabes…. Los abuelos hemos vivido mucho y tenemos muchas cosas que contar… Tú contarás este desastre de viaje cuando tengas mis años… ya lo verás… ya lo verás….

A las 22:10, 1 hora y 26 minutos más tarde de la llegada prevista, …la familia Cebolleta subía las escaleras metálicas que conducen al nivel de la calle de la estación.

La impotencia de la familia Cebolleta, y la de todos los viajeros, es total. Todos coinciden en que el servicio de RENFE fue pésimo. No ha sido un viaje. Ha sido un abuso. Intentaremos coger un taxi para llegar a casa, alega don Rosendo.

Papá dice Lolita: La próxima vez cogemos un bus. Los excepcionales retrasos de RENFE, en antaño, se han convertido en costumbre propia del cuarto mundo. ¿Qué está pasando con RENFE?

Nota: quién más dice defender lo público, más lo usa para sus fines particulares y más lo abandona.

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