martes, 7 de marzo de 2023

Desinforma que algo queda

 


               Siempre se ha dicho que la información es poder. Visto lo visto, en nuestra, para mí, tocada democracia, pienso que la desinformación[1] lo es más, o como mínimo igual. Los gobiernos –también los democráticos- se pasan los días desinformando a la ciudadanía, a los medios de comunicación y a sus adversarios políticos. Los gabinetes de desinformación –de prensa dicen ellos- acumulan expertos que al exagerar, atenuar o no decir, mienten y manipulan: desinforman. Igual que en Medicina se sabe sanar y matar, en Ciencias se empollan los avances o se conocen las medidas antiprogreso, de forma análoga, en las facultades de Económicas se ilustra al personal sobre como arruinar un país o cómo enriquecerlo. El caso que nos ocupa, informar o desinformar, no es diferente ¡That is the question ¡

               Lo expuesto en estas líneas es producto de lo observado y anotado. No son hipótesis, son conclusiones obtenidas de la toma de datos de la realidad. Así, los gobiernos de turno desinforman al dilatar en el tiempo un problema con continuas propuestas más o menos ficticias, a veces mezcladas de antisoluciones. De esta forma consiguen confundir y aburrir al personal. También a los adversarios. Se trata de ser más sutil que ellos.

               Otra de las técnicas preferidas para que no nos enteremos de casi nada es inundar los medios con una noticia cada día, pero de diferente asunto. Una noticia tapa a otra y la del tercer día tapa a las dos anteriores y así sucesivamente. Mucha información desinforma. “Las capas de la cebolla impiden conocer su centro”. Con frecuencia las noticias tapaderas son puras mentiras o exageraciones de una pequeña, lo cual complica aún más que el pagano ciudadano se entere de lo que le interesa.

               ¿Qué me dicen de los ejércitos de negacionistas cómplices de determinadas políticas? Negar, negar y negar. Negar hasta la extenuación en las teles, las radios y la prensa escrita. Si además los Gobiernos gozan del dominio político de los medios públicos –que son de todos- y cadenas afines, las cosas le resultan superfáciles.

               Otro método resultón es la desinformación encadenada. El camino es claro: El ministro A desinforma a las 9 h. en la tele. A las 12 h, la directora general B, da una rueda de prensa para decir lo mismo que A. A las 18 h, el secretario de estado C dice lo mismo que A y B en una entrevista en la radio y como remate el presidente D afirma lo mismo que sus tres subalternos en un medio extranjero. Si la cosa lo necesita, al día siguiente se aumenta el número de intervenciones y desinformadores subordinados, punto. En resumen, este encadenamiento planificado de mentiras resulta un procedimiento sutil para que la ciudadanía permanezca en la inopia.

               Un clásico es filtrar noticias falsas, es decir se da a conocer un hecho que es mentira como si fuera algo que ha costado mucho trabajo, como si se tratara de un secreto. El morbo ayuda a que la gente nos lo traguemos.

               El cinismo es también una buena herramienta para despistar al personal. Básicamente se trata de acusar a los demás, normalmente a tus adversarios, de las prácticas que tú mismo haces. Uno miente y acusa a los demás de mentirosos, uno es cínico y acusa de cinismo a los demás; uno es corrupto y acusa de corrupción a los demás. Y, por supuesto, el otro/la otra “es mucho más que tú”. Esta última se conoce como la técnica del “y tú más”.

               Es también frecuente utilizar a personas e instituciones, que gozan de cierto prestigio o buena imagen, como si fueran garantes de lo que tú haces o dices, cuando en realidad esas personas, o los escenarios, no tienen nada que ver. Ejemplo clásico es hacer declaraciones de dudosa credibilidad delante de otros mandatarios extranjeros o aprovechar tribunas de importancia como el atril de la ONU, del Parlamento Europeo o del Congreso de los Diputados.

               Toda esa amalgama de falsedades, fingimientos o simulaciones hace que los profesionales de las noticias tengan que aprender a leer entre líneas o a interpretar un pequeño gesto como es la expresión de las manos, una mueca en el rostro, una mirada, un tic o un desliz expresivo. El lenguaje corporal no suele engañar. Todo ello con los dificultosos agravantes de ruedas de prensa sin preguntas, declaraciones a través del plasma o entrevistas con las preguntas filtradas por el entrevistado y su ejército de asesores.

Hay que aclarar que desinformar no es norma exclusiva de los gobiernos. También lo hacen bancos, multinacionales, redes sociales, agencias de cualquier cosa –sobre todo de inteligencia- representantes de grandes deportistas, entrenadores, marcas comerciales, etc.

               Es evidente que todas las desinformaciones nos afectan pero, a mi juicio, las más demoledoras y cáusticas son las protagonizadas por nuestros representantes democráticamente elegidos. Curiosamente, éstos informan estupendamente sobre los fallos de los demás, aplicando con maestría la superconocida ley del embudo.

 

Un apunte más: La desinformación merecería un debate en el Congreso de los Diputados. ¿Qué tal si dedican un día al “Estado de la desinformación en España”? Seguro que sería interesante.



[1] Desinformación es una sola palabra. Si fueran dos: des información, significaría lo contrario. En español el prefijo “des” denota negación o inversión del significado de la palabra simple a la que va antepuesto.

viernes, 24 de febrero de 2023

Iguales & Diferentes

 


Estoy aterrorizado. Soy igual que los demás. Todos los fallos o faltas que critico los tengo yo en momentos concretos, durante algunos ratos o en modo permanente. Soy criticón, siento la sana envidia, hay gente que no trago, me cuesta perdonar, olvido recordando e, intencionadamente, busco mis ratos de puro egocentrismo. Sentirme igual me amenaza y me oprime. De continuar así, no voy a poder ni escribir ni hablar porque “consejos vendo y para mí no tengo”. Aunque, pensándolo mejor, sumar la incoherencia confirma mi igualdad con los otros. Cabalgar contradicciones es ganar posiciones, dicen por ahí.

Recientemente he descubierto que soy de carne y hueso, como la gente. Esto hace que me sienta vulgar, uno de tantos, hecho de carne que será pasto de los gusanos. Siempre rehuí formar parte de la masa aunque, con el tiempo, me he dado cuenta que la masa refuerza con el peligro de aborregar.

Es muy curioso: me duele la cabeza como a la gente y tengo que orinar varias veces al día para sobrevivir, como toda la gente. Aunque nunca oriné colonia, siempre pensé que yo era un ser muy especial, un espécimen único, pero no. Cada día que pasa me doy cuenta que hay muchos como yo, que sienten como yo, que piensan como yo y que mal duermen como yo, o que quizás, más bien, yo me parezco a ellos. Debo invertir el orden porque ellos tienen la mayoría absoluta.

¿Qué hacer ante tal decepción? Soy mortal como todos, las dudas me atenazan como a todos, tengo hambre como todos y miro a las estrellas preguntando el por qué. ¡¡¡ Como todos!!!

¿Puedo seguir viviendo ante tanta igualdad? ¿Debo diferenciarme para existir mejor? ¿A dónde me conduce buscar la diferencia? Aceptar la igualdad ¿Me humaniza o me pierde?

La muerte nos iguala, el nacer nos iguala, el dolor nos iguala, el placer nos iguala, el pensar nos iguala, el miedo nos iguala, las dudas nos igualan, preguntarnos por qué conduce a la igualdad ya que varios millones de personas lo hicieron mucho antes y, otros muchos millones, lo seguirán haciendo.

¿Qué es pues lo que nos hace únicos, diferentes? Entiendo que el entorno que nos rodea al nacer es la primera causa de grandes diferencias. Luego la educación, sobre todo aquella que ilumina, u oscurece, el hogar, y las necesidades, tanto las satisfechas como las no cubiertas. Un marco más global como es el modelo de sociedad, en el que vives, es una fuente enorme de grandes diferencias. No son humanos comparables los nacidos en la estepa de la Rusia de Putin con aquellos que avistaron la luz por primera vez a través de los cristales de Manhattan. Las diferencias se disparan si hablamos de Nigeria o del sur de Mongolia. En una misma gran ciudad están los arrabales y existen zonas VIP y eso, constato que distingue. 

Es evidente que llegada una edad, con cierta madurez, es el propio individuo el motor de sus cambios. Hay gente que se dedica a acomodar su cuerpo al canon de la belleza griega y otros lo ocupan intentando emular a Cervantes, a Arguiñano o a Messi. Como decía el torero “hay gente pa tó”.

Entonces ¿En qué quedamos? ¿Somos iguales o diferentes? Llegado este punto entiendo que hay que asumir la teoría de la compatibilidad. Como humanos tenemos atributos y cualidades que nos hacen iguales, pero el vivir nos hace únicos e irrepetibles. Creo. Es lo que hay. Y menos mal que ocurre así, porque ¿Se imaginan un mundo donde todos tuviéramos las mismas aficiones con la misma pasión? En cualquier caso el punto de encuentro de la humanidad estará siempre en atenuar las diferencias.


Nota: nunca fue mi intención entrar aquí en las evidentes diferencias genéticas, condicionantes muy fuertes de importantes diferencias. Las líneas anteriores encuadran mejor, en mi opinión, en una hibridación entre la genética y la epigenética.


lunes, 20 de febrero de 2023

Pecar por lo civil

 


¿Se puede pecar por lo civil? En principio creo que no, ya que el pecado es una falta acerca de algún precepto relativo a la religión o contra la voluntad de Dios. De todas formas al admitir la sociedad casarse por lo civil, bautizar por lo civil como una ceremonia de bienvenida al inscribir el nombre del recién nacido, algo que se hace entre el juzgado, la casa y un restaurante o existir familias que van a la iglesia a solicitar la primera comunión por lo civil, podemos hablar por extensión –sin gran dificultad- sobre pecar por lo civil. Los funerales por lo civil tampoco tienen desperdicio y pueden resultar igual de hermosos que aquellos que se ofician según la estricta liturgia de una religión. Permítanme entonces navegar sobre la idea y considerar que sí, que se puede pecar por lo civil.

Serían pecados civiles, por tanto faltas leves o graves, las que comete una persona –creyente o no creyente- al no cumplir con los preceptos legales civiles que van ligados a su ciudadanía y a las responsabilidades que, libremente, ha aceptado, sean políticas, familiares o profesionales. Así por ejemplo es muy grave que un político, desde su cargo, intoxique o manipule una información que la ciudadanía tiene derecho a saber. Un agravante sería que lo hiciera en su propio beneficio. Desde el punto de vista del ciudadano no pagar el IVA sería un pecado civil de omisión. En el ámbito familiar podríamos hablar del desamparo que sienten los menores de edad ante la irresponsabilidad de unos padres “Peter Pan”.

Por su mayor repercusión, dado el número de personas a las que afecta, me preocupan especialmente los pecados civiles de las personas entregadas a la política. No es lo mismo que una mujer o un hombre traicione a su pareja, que una ministra o un presidente del gobierno deserte de los principios que le llevaron a ser elegido-a para el cargo. Si además se reitera y pavonea en el incumplimiento de sus promesas, en medio de un cinismo sin límites, la situación resulta especialmente grave. No puedes presentarte a una elecciones defendiendo una idea y luego no llevarla a la práctica o incluso trabajar por la contraria. La guinda de esa deslealtad es montar una campaña mediática, por supuesto con dinero público, para convencer –machacando a tus compatriotas- de que estás haciendo lo correcto. Curiosamente este fraude no lo castiga el Código Civil. Solo podemos penalizarlo los ciudadanos.

Otro pecado civil muy llamativo, de juzgado de guardia, es el que cometen los políticos, mujeres y hombres, cuando, en sede y sesión parlamentaria, le hacen una pregunta y responden por los cerros de Úbeda. La ciudadanía tiene el derecho de conocer la respuesta. Ese filibusterismo político es una terrible falta de respeto a la cámara, a los presentes y a la ciudadanía que pasea por la calle. Que te pregunten por el precio de la electricidad y tú respondas que es más interesante hablar de que en la Mancha hacen un vino estupendo o de que en Valencia están bajando los impuestos, resulta inadmisible. El político que esquive torticeramente las sesiones de control debería cobrar en billetes falsos y ser denunciado por fraude informativo. Las mentiras, o hacer cobras orales ante respuestas, son una ofensa a la ciudadanía que a ningún cargo público debería de salirle gratis. ¿Dónde quedan esas promesas de transparencia y de compromiso democrático? Mentira cogida, político dimitido. Respuesta esquivada o tergiversada, político en cuarentena, suspendido de empleo y sueldo, encerrado en la sala de pensar y con derecho a rectificar, por supuesto. ¿Qué mierda de democracia nos están vendiendo? Un político, ante todo, es un servidor público voluntario, honrado, sin ánimo de lucro y comprometido con el bien común. Su deber y su satisfacción es servir, respetar las leyes e intentar mejorar las situaciones injustas de los que le votaron y de aquellos que no lo hicieron.

Los políticos electos pueden pecar contra la democracia cayendo en la tentación de convertirse en autócratas e intentando eternizarse en el poder. Para ello cometen tres graves pecados civiles: controlan, maniatan o apresan a los árbitros (p.e. la administración de justicia, medios de comunicación, policías varias, ejército), marginan a los actores clave (p.e. ignoran a las autoridades superiores o a líderes adversarios políticos: no les dan entrevistas, le ocultan información, aprovechan actos públicos para humillarles…). Por último reescriben, poco a poco o por las bravas, las reglas de juego para inclinar el campo en contra de sus adversarios[1].

También en la vida civil hay penitencias, p.e. un ciudadano que no pague el IVA, si lo pillan, llevará consigo una multa proporcional a lo defraudado. Para el caso de un político mentiroso, manipulador o intoxicador demostrado, solo cabe la dimisión. El caso de malversar el dinero que la ciudadanía te autoriza a administrar, es fallo imperdonable que solo se subsana apartando de la política a estos listos aprovechados, hayan malversado en beneficio propio o en beneficio de otros, pues aparte del mal uso dado al dinero, han malversado la confianza depositada, lo que es bastante peor e imposible de subsanar. Del dinero público hay que cuidar más y mejor que del propio. ¿Qué decir de una declaración de guerra o de la violencia verbal o corporal que a veces manifiestan? ¿No es un pecado civil exaltar la raza de un territorio? ¿Y la soberbia que encierra la actitud de cierta supremacía moral sobre los otros? ¿Y la memoria interesada de “solo algunas” víctimas en detrimento de aquellas que no son de tu entorno político?. Hablar de contaminación y ofensas contra la Madre Tierra nos llevaría a una lista interminable. Si pretendemos no olvidar ninguna falta cívica solo tenemos que echar mano de un Código Civil y Democrático.

A la vista de lo expresado, me reafirmo, se puede pecar por lo civil.

 



[1] Levitsky, S & Ziblatt, D. : Como mueren las democracias, Ariel, 2018. Pág 206.

martes, 24 de enero de 2023

Escuchar

 


Escuchar es prestar atención a lo que se oye. Dar oídos, atender a un aviso, consejo o sugerencia. Es un verbo que implica cierto esfuerzo, alguna dosis de predisposición interior. Mientas que oír es percibir un sonido por medio del oído. Es un acto inconsciente, pasivo e involuntario. Podríamos resumir diciendo que escuchar necesita el oído y una actitud activa, mientras que para oír nos basta con el oído.

Pues bien, que la posible madre escuchara los latidos del futuro bebé era lo que pretendía –o pretende- VOX. Por cierto que, aunque se tiene la certeza científica de que el feto no es parte del cuerpo que lo alberga porque sus adeenes son diferentes, desde hace tiempo, ya no me queda claro el concepto de madre ni la noción de hijo,. ¿A una mujer que aborta le puedo llamar madre? ¿Un aborto es un hijo? ¿Un feto de tres meses es un aborto y un feto a los siete meses es un hijo? ¿El concepto de hijo depende del tiempo? La calificación de madre o de hijo ¿la fija el diccionario, la religión, la ley, la biología o es una percepción interior de la mujer? Nunca voy a condenar a una mujer que aborte porque conecto esa realidad con un drama social cuyas razones se me escapan. Un aborto es una situación complicada que me resulta difícil valorar. Los condicionantes suelen ser múltiples y sus repercusiones infinitas Solamente quería llamar la atención sobre los términos madre, hijo y alrededores. Sí puedo afirmar que no me gustaría encontrarme con el dilema personal de aborto sí-aborto no.

Pero el asunto iba de escuchar, o más bien de obligar a escuchar a la posible madre, el tic – tac de un pequeño corazón en vivo y en directo. Del obligar a escuchar el debate pasó a proponer escuchar y del proponer escuchar a un “no hubo nada”. Fuera pregunta sonda, propuesta o intención, el caso es que algo hubo. En fin. La situación generada y las declaraciones de García Gallardo –Vicepresidente de la Junta de Castilla y León- me parecen más bien un esperpento de la política, incluida la exagerada reacción del gobierno de Pedro Sánchez con requerimientos oficiales desproporcionados solo entendibles en clave de campaña electoral y con el fin de desviar la atención de sus propios problemas. Por desgracia la mujer, y todo lo que la rodea, hasta los más nimios detalles, se ha convertido en arma política arrojadiza. En mi opinión sobra pasión y falta inteligencia. La medida del gobierno húngaro de obligar a las mujeres a escuchar el latido del corazón (Septiembre, 2022) del feto antes de abortar me parece torpe y coactiva.

Como había poco debate el Mundo Today publica un tweet en el que dice que el Gobierno [Sánchez] obligará a Ayuso a escuchar latidos de ancianos antes de recortar recursos públicos. Vamos que un despropósito se intenta atajar con otro despropósito, metiendo a Isabel Ayuso por el medio y no sé si intentando recordar la situación que se vivió en algunas residencias de ancianos durante los momentos álgidos de la pandemia, momentos y situaciones que debieron servir a nuestros líderes para escucharse y no para tirarse los trastos a la cabeza. Pero en este país somos bastante así, cuanto peor, mejor. La lucha política no tiene por qué ser torpe y barriobajera. Tanto los acuerdos como los desacuerdos debieran de ser elegantes y respetuosos. No vale todo.

Llegado este punto entiendo que, dándole la vuelta al tema de escuchar, lo quiero utilizar en positivo. España, nuestro país para algunos y nuestra nación para otros, tiene el problema de no escuchar, escuchar poco o no escuchar lo suficiente. También el de una escuchamiento selectivo. Como no, también incluyo, escuchar una cosa e interpretar otra. Todo esto me recuerda al juego infantil del teléfono escacharrado pero con premeditación y alevosía, vamos que no se entienden porque no quieren, y al dicho de que no hay peor sordo que el que no quiere oír.

Es evidente que debemos escuchar a los ancianos y no solo el tic – tac del corazón, sino también sus pensamientos y sentimientos y también sus dolamas. La vida se pierde poco a poco, a veces de golpe, y los años conllevan la pérdida de casi todo y en particular la vista y el oído. El anciano queda así a merced de sus cuidadores y, con frecuencia, es un trabajo enorme el escucharlos. Sin poder leer un libro o una revista, sin poder ver la tele y sin facultades para escuchar la radio ni participar de una conversación, el aislamiento avanza y la soledad se hace infinita. Así que conversemos con nuestros ancianos, aunque sea a voces.

Escuchar es una sana actitud que nos hace más sabios, quizás por eso nuestros líderes políticos se escuchan tan poco, porque creen saberlo todo. O quizás por eso su escucha es selectiva: saben perfectamente a quienes tienen que escuchar porque les dicen lo que quieren oír. ¡Cuánta soberbia y cuánta vanidad! Escuchar incluye una inequívoca actitud humilde y una innegable gana de aprender. Escuchar concreta tu solidaridad y encierra el compartir el tiempo. Escuchar amplía las fronteras de nuestra humanidad y nos hace mejores. Es por todo esto que nuestros líderes, y lideresas, claro, debieran dedicar todos los días un tiempo a la escucha de los diferentes, porque esa es la verdadera escucha y de ahí nace el auténtico diálogo.

También hay que escuchar a los enfermos, algunos se curan solo con eso, a aquellos que están solos, a los que están buscando una salida en sus tormentas, a las embarazadas y a los embarazados, a los adolescentes y a los niños, a los abuelos en sus memorias, a las víctimas de la guerra y a las de todo tipo de violencia por su inmenso dolor, a los encarcelados, a los lugares despoblados, a tu pareja, a tus hijos, etc. Pero la escucha no puede ser una obligación porque así se denigra, salvo en el caso de los psicólogos o jueces que la utilizan como trabajo y profesión, pero eso es otra cosa. Mención aparte me merece la Madre Tierra a la que tenemos el deber de escuchar ante sus significativas señales de socorro.

La escucha, como valor social y comunicación activa es una chispa fresca de la vida que a todos enriquece. ¡Escuchémonos pues!

 

martes, 20 de diciembre de 2022

Doña Soberbia

 

Soberbia (Jacob Matham, Haarlem 1571 - Haarlem 1631)

En el mundo de los valores y el derecho, doña Soberbia era una señora que no tenía límites, tanto por la derecha como por su izquierda. Cada jornada conquistaba, al menos un milímetro, en el terreno de sus desorbitadas pretensiones. Hacía así más ostensible su dominio. Todo le parecía poco. Quería más. La superioridad y la prepotencia eran las únicas razones de su existencia: más territorio –social, económico, físico o político-, más influencias, máximo poder, más intromisiones, mayores intereses,... Un desmedido super-ego era la base de sus decisiones.

La Doña, como la apellidaba mucha gente, estaba embelesada y envanecida por la contemplación de sus conquistas. Se drogaba con lo exclusivamente suyo, menospreciando todo aquello de los demás que no le facilitara el engrase de sus intereses. Ella se veía la más guapa, la más chula, la que mejor vestía y la que disfrutaba las mejores cualidades en todos los aspectos: inteligente, capaz, instruida, conocedora, experimentada o vengativa.

Nunca soportó un no de nadie a sus exagerados deseos. Tenía que ser, sí o sí, la novia en la boda, la muerta en el entierro, la niña en el bautizo, Rocío Hood en los bosques, la ovni en la galaxia y la reina en el panal de las ostentaciones. Para colmo tenía complejo de víctima cuando la realidad era que ella se comportaba como un verdugo justiciero. Jamás comprendió como se podía estar en desacuerdo con ella. Lo achacaba a que sus enemigos, jamás tuvo adversarios, le tenían una manía tremenda.

Como señal de su jactancia, y manifiesto de poder, se permitió redefinir valores y actitudes. Así, llamó paciencia a la impaciencia; a la verdad la disfrazó con la perversa máscara de la mentira; forzó a la justicia a quitarse la venda y a inclinar la balanza y a la honradez la revistió con el opaco manto de la corrupción. Como un martillo, machacó a todas las posturas emergentes que osaron llevarle la contraria y subordinó a su capricho leyes e instituciones.

Doña Soberbia, como tal, nunca se puso límites, así que puso tierra de por medio con la humildad, contaminó el esfuerzo de vagancia y encerró en una jaula a la autocrítica.

Con su perfecta maquinaria de hacer lo blanco negro y lo negro morado, sometió al entendimiento y al pensamiento crítico y amenazó a la luz. Como desde esa posición de superioridad no surgen relaciones muy leales, sus socias, tan soberbias como ella, basaron su relación en intereses, jamás en la amistad ni en el respeto mutuo. Así, las soberbias, que confundían la verdad con su verdad, estaban condenadas a entenderse o a sufrir la soledad y el desprecio de los que despreciaban. Doña Soberbia también compartía conexiones con la soberbia oculta, un tipo de soberbia que decidió esconderse y manejar los hilos en la sombra. Estar en la primera línea era muy arriesgado.

Doña Soberbia predicaba la igualdad como meta, pero ocupando ella y sus acólitos (vanidad, petulancia, suficiencia, inmodestia, engreimiento… ) la más alta cima de la desigualdad. Estaba claro que tenía que ser siempre la primera y estaría por encima. Eso de cultivar las igualdades le quedaba muy bien y camelaba ilusos.

Pero, como suele ocurrir en muchas situaciones de la vida todo lleva una cara y una cruz, una mochila añadida que te afecta y no, necesariamente, para bien. La Soberbia además de estar sola era terriblemente infeliz porque nunca tenía bastante. Su ansia de ser más era insaciable, eso la desequilibraba y la condujo a soberbias dudas.

               Un día, la Soberbia, al contemplar el Universo sin poder alcanzarlo, se sintió vulnerable. No podía ser más espectacular que él y tuvo que dejarse seducir por la belleza de una soberbia aurora boreal. Por la belleza penetró la bondad, punto más elevado de la inteligencia, y sus soberbias murallas se redujeron a ceniza, ante la atónita mirada de la envidia. Su tenaz resiliencia explotó en mil pedazos. Intentó secuestrarle tiempo al tiempo pero este no se dejó. La Soberbia, tocada, vagó errante intentando encontrar la razón de todo aquello, algo que la consolara, pero no lo logró. Su desorientación era total en un mundo donde la confianza, el compromiso, la lealtad, la honestidad y la complicidad de la amistad eran lugar de encuentro. La humildad reinaba por doquier.

Todo le resultó superextraño. Llegó a ser una Soberbia errante e impotente. Ya nadie le hacía caso.

Soberbia (Gili y Roig, Baldomero 1873, Lérida - 1926, Barcelona)


 

 

 

 

 

 

domingo, 11 de diciembre de 2022

Estar ahí

 


            Las palabras dan el juego que oradores y escritores son capaces de conquistar al moldear los mensajes de la misma forma que el barro es amasado por las manos del alfarero. Escribir y disertar se convierten así en una actividad casi plástica dando lugar a una pintura oral o escrita, las dos descritas.

            Siempre me llamó la atención la pareja “estar ahí”. Es cierto que la vida que nos rodea está llena de dualidades: cielo y tierra, fe y razón, bien y mal, luz y oscuridad, humildad y soberbia, etc. Pero estas dobles miradas, siempre extremas, nos manifiestan ideas en blanco y negro, mientras que si alguien sabe estar ahí siempre resulta positivo y beneficioso. Estar ahí es una dualidad diferente. No es contrapuesta sino complementaria, quizás por eso me gusta más.

            Era yo adolescente cuando me di cuenta, con claridad, de la importancia de estar ahí. En aquellos años estudiaba, interno, en el colegio salesiano de Pozoblanco. Corría la década de los 60, en el siglo pasado. El recreo era un brillante maremagnun de chiquillos corriendo detrás de los balones. Doce o catorce equipos de fútbol jugando en el mismo terreno ¡¡a lo ancho y a lo largo!! Eran partidos simultáneos dentro del mismo tablero. El caos era galáctico, pero dentro de ese desorden tú sabías quienes pertenecían a tu equipo y quienes eran tus contrarios. Por supuesto que sabías tu portería. ¿Alguien se imagina siete partidas de ajedrez, juntamente, en el mismo tablero? Pues eso. Nosotros jugábamos siete partidos de fútbol a la vez y en el mismo rectángulo. Las fricciones, los roces y las bromas eran frecuentes pero, pero … los clérigos –profesores salesianos, futuros curas si la vocación no se torcía– estaban allí para limar nuestras pequeñas diferencias y que todos los partidos fluyeran con orden y agilidad. Su sola presencia, a veces, evitaba su intervención. Algunos la llamaban pedagogía de presencia.

            ¿Qué es entonces estar ahí? Estar ahí es estar pendiente. Es saber diferenciar, sobre todo en tus inmediaciones, lo importante de lo accesorio y de lo urgente. Estar ahí supone observar la situación y decidir los datos principales por si tienes que intervenir. Estar ahí es un dejar hacer desde tu puesto en sombra y hacerte visible si la situación, a tu juicio, lo requiere. Estar ahí es una situación activa en tu interior pero pasiva de cara al exterior, aunque muy conectado con él por si fuera necesario inmiscuirse. Estar ahí es, en definitiva, estar cuando los demás te necesitan y no cuando a ti te viene bien.

    Estar ahí es una manera de manifestar la generosidad, es un acto de amor constante y responsable. Es actitud de entrega. Es un pasar inadvertido estando. Es un aparecer respetuoso, sin agobiar, para esfumarse al poco rato tras solventar el tema. 

    Hay muchas personas que siempre están ahí por eso es imposible el citarlos a todos. Ejemplos concretos de estar ahí son los bomberos o los servicios sanitarios de urgencia. La policía, el ejército y otros muchos. Estar ahí es una forma de entender la vida que tienen algunas personas.

      Estar ahí, a veces, se convierte en un desiderátum: Así, los padres debieran de estar ahí, la familia debiera de estar ahí, la pareja debe de estar ahí, los hijos deben de estar ahí, los vecinos siempre estaban ahí y los amigos, afortunadamente, siempre están ahí.

    Estar ahí se convierte así en un acto de ida y vuelta: unos dan pero otros deben de tener la capacidad de recibir. Qué duda cabe que el equilibrio se produce cuando ese estar ahí tiene la reciprocidad como factor que determina. A veces no es fácil aceptar. Es posible que algunos a ese estar ahí recíproco le llamen felicidad. Es muy de agradecer que siempre exista gente que esté ahí. Algunos tienen mucha suerte.

    En cualquier caso la gente que está ahí no espera nada, ni reconocimiento ni obsequio alguno. Le satisface estar y se sienten dichosos.



Publicado en Diario Córdoba el 20/07/2017

 

miércoles, 16 de noviembre de 2022

Tres noticias, tres comentarios

 

Es la hora de la sedición y la malversación

Según el INE, con datos de hace tres años, había en España 816.904 personas que se apellidaban Sánchez. Pues bien, desde hace unos años, decir Sánchez en España se asocia unívocamente con Pedro Sánchez, nuestro presidente, que manifiesta cada día el espíritu y la actitud de un “pistolero”, en palabras de Pérez Reverte. Pistolero en el terreno de la política, claro.

Sedición

Personalmente, y a pesar de las versiones controvertidas que se escuchan sobre cómo se sancionan delitos similares en los países de nuestro entorno, podría estar de acuerdo con modificar el Código Penal y rebajar las penas por sedición. Es el contexto, el entorno y las circunstancias que rodean este abaratamiento –es lo único que se abarata en España- los que me llevan a rechazarlo.

               Supongamos que los graves hechos ocurridos en 2017 llevados a cabo por el separatismo radical catalán no existió y por tanto tampoco el juicio a los, ya condenados, sediciosos; supongamos que en el Congreso de los Diputados hay un acuerdo entre gobierno y oposición; supongamos que la modificación /casi eliminación de la sedición no se hace para un grupo concreto de condenados por el estado de derecho, juicio que se desarrolló con exquisitas garantías; supongamos que la reforma del Código Penal no se realiza como pago para que te mantengas en el gobierno; supongamos que el abaratamiento de la sedición no tiene que ver nada con la aprobación de los presupuestos; supongamos que la citada rebaja de penas es una necesidad compartida, una actualización necesaria,…. Pues bien, ¡Refórmese! Mejórese todo aquello que perfeccione –para todos- nuestra democracia, nuestra Administración de Justicia y nuestra convivencia. No es la reforma del delito lo que me preocupa, es el contexto en el que se realiza. Se trata de un acuerdo, casi chantaje, entre el gobierno y unos delincuentes que con la reforma dejarán de serlo y debilitarán la imagen del Tribunal Supremo y del estado de derecho. Esta degradante forma de rebajar la sedición debilita al Estado Español y fortalece a quién quiere cargárselo. Aparte, destaca la evidencia de que la justicia no es igual para todos: la clase política –y más si son mis socios- navega hacia una insaciable impunidad, al menos para los ya indultados separatistas catalanes. En mi escala de valores, la impunidad está reñida con la democracia.

               Las razones esgrimidas por Sánchez y su gobierno no parecen tener demasiada consistencia. Aquello de homologar el delito de sedición con los países europeos más avanzados no pasa de ser una frase falsa, pues la mayoría los países de Europa velan por su integridad territorial y califican como alta traición los intentos de mutilación de su actual mapa. Lo de ayudar a la convivencia con Cataluña es falso ya que confunden la parte con el todo: el gobierno contenta a los separatistas y cabrea a los no separatistas. La verdad, creo, se acerca a lo dicho por Pere Aragonés, que la rebaja penal de la sedición responde a un pacto entre el Gobierno de España y ERC y que están abiertos a ampliar y profundizar esos acuerdos.

               Hay un argumento jurídico que llama mucho la atención: esta reforma, de llevarse a cabo en los términos previstos –sedición = a desórdenes públicos agravados- defenderá a una parte de la sociedad con el Código Penal, lo cual encierra una tremenda contradicción.

               Casi eliminar el delito de sedición es una gran pedrada al estado de derecho. En lenguaje vulgar es una cacicada, una acción abusiva en el ejercicio del poder ya que no cuenta con los jueces, ni con informes del Consejo de Estado, ni con la oposición,… además las prisas del procedimiento delatan que algo no huele del todo bien.

El gobierno es consciente de que, por suerte, la dinámica de los medios se repetirá: esperará y ayudará para que otros asuntos empujen a este y lo saquen de las primeras páginas. Hay que matizar que no es el gobierno, sino que serán los grupos parlamentarios del PSOE y de Podemos los que precipitarán la reforma de la sedición por medio de una proposición de ley, de esta forma eludirán al CGPJ.

Sello del centenario del Partido Comunista de España (1921-2021)


Poner en circulación un sello de correos no debería convertirse ni en noticia de primer nivel ni en hecho controvertido. Pero claro, un sello sobre el PCE, con la que está cayendo de frentismo y polarización en España, no puede pasar desapercibido y se convierte en arma arrojadiza de unos y de otros.

               El sello conmemora los 100 años de la fundación del Partido Comunista de España, un partido, como casi todos, con luces y sombras a lo largo de este primer centenario. Particular protagonismo tuvo el PCE en la Segunda República, la Guerra Civil, la oposición al franquismo en la clandestinidad y su decisivo papel en la Transición al aceptar la bandera nacional y la Monarquía Parlamentaria. No es exagerado afirmar que el PCE ha estado presente en los acontecimientos más importantes acaecidos en España en el último siglo. En este sentido está justificada la emisión del sello.

Cosa diferente es el diseño del mismo. Imaginemos el sello del PCE con los colores de la rojigualda[1], bandera nacional que define la Constitución de 1978, en lugar de la tricolor de la Segunda República (tampoco pasa nada, pero es un detalle). Imaginemos también que la estrella de cinco puntas -símbolo que figuraba en la bandera de la extinta Unión Soviética, está en la bandera de China (cinco veces), figura también en la de Cuba y en la de Corea del Norte- se hubiera sustituido por el vigente escudo de España (Ley 33/1981, sancionada el 5 de octubre). La presencia de la hoz y el martillo, como elementos centrales del sello, simbología que se remonta a los orígenes del comunismo, resulta coherente aunque es posible que los menores de cincuenta no sepan con claridad para que se utilizaba una hoz. Creo que el sello presenta un mal diseño pues se ha tirado de una imagen antigua del PCE. Los movimientos comunistas en la Europa de hoy han perdido matices de radicalidad (Eurocomunismo de Berlinguer, Santiago Carrillo aceptando la Transición, Simón Sánchez Montero apostando por la reconciliación nacional, IU gobernando e influyendo en múltiples instituciones en la España de hoy, Julio Anguita como paradigma de convivencia entre diferentes…).

Recientemente, en el 2019, el Parlamento Europeo aprobó la “Resolución sobre la importancia de la memoria histórica europea para el futuro de Europa”, en la que condena los crímenes cometidos por los regímenes nazi y comunista a lo largo del siglo XX. Es esta una razón más para insistir en que el sello debiera destacar una imagen más actualizada del PCE.

               Evidentemente esto es solo una opinión. Desconozco los intereses que se han cocido en la elaboración del sello. El diseño puede perjudicar al PCE en algunos sectores y en otros lo puede beneficiar. La suspensión cautelar, por una jueza, de la citada emisión, a petición de una asociación de abogados, me parece desproporcionada, tanto la petición como la suspensión.

Sobre incluir “información pública” en medios privados

En el mismo día, esta era la tercera cuestión que me llamó la atención. En un coloquio con exportavoces del gobierno, la ministra portavoz, Isabel Rodríguez, lamentó que los medios se vuelcan en informar de temas que “no tienen nada que ver con lo que se adopta en el Consejo de Ministros”, a pesar de que son asuntos que tratan de “las preocupaciones del día a día de la ciudadanía”. Llegado ese punto comenta que “Igual que tenemos un espacio para el tiempo, para saber si va a llover, ante la necesidad de que la ciudadanía acceda con veracidad, tendríamos que reservar un espacio de información pública en cada informativo y conseguiríamos que además del total de la actualidad, tuviéramos información sobre las preocupaciones del día a día de la ciudadanía”. Se conseguiría así que «la información se aproxime a un interés no sesgado previamente». Hasta ahí las frases literales expresadas por la portavoz.

               Mi primer comentario ante esto es que no sé si el conjunto de afirmaciones que dice, las dice en serio, si se trata de una provocación o si se lanza para despistar. Cualquiera de las tres posibilidades me suena a despropósito. Desde luego no es la primera vez que el gobierno de Sánchez manifiesta su total disgusto con las informaciones que sacan algunos medios privados. En agosto pasado, y en otras ocasiones, ya expresó que los medios privados especulan de más, intoxican de sobra e informan regular.

               En mi opinión, el gobierno ya interviene bastante en TV1, TV2, 24horas y toda la red de Radio Nacional, aparte de medios privados afines que le sirven de portavoz y altavoces. Además tienen la red de RTV autonómicas. Una de las primeras acciones que hacen todos los partidos al ganar las elecciones es revisar, escrupulosamente, programas y responsables, aparte de colocar a uno de los suyos en el mando de RTVE. Esto no quiere decir que en la red pública, nacional o autonómica, no existan auténticos profesionales, pero si es cierto que permanecen y escalan los más afines ideológicamente. Una pena que los medios que todos pagamos no se rijan por criterios de transparencia, independencia, capacidad, rigor y calidad y que aticen a diestra y a siniestra con la mayor objetividad y pluralidad posible.


               Que el gobierno tuviera un tiempo en los medios privados para informar de la verdad a la ciudadanía me suena mal, muy mal. Identificar verdad con información pública es un disparate. ¿Qué sería de los gobiernos sin los maquilladores gabinetes de prensa y sin los centenares de asesores de marketing? La libertad de prensa y de cátedra son contrapoderes en las sociedades democráticas y así deben de seguir siendo. Que el gobierno dispusiera de tiempo en los informativos de los medios privados sería una intromisión intolerable que recuerda a los NODOs de Franco, al Pravda[2] de la antigua Unión Soviética que traducido significa “la verdad”, al Granma del Comité Central del Partido Comunista de Cuba o al Völkischer Beobachter (VB) del Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores entre 1920 y 1945.

               Sedición - Malversación

Como escribir estas líneas me lleva un tiempo, los temas que trato evolucionan y así, hoy 16 de noviembre, los medios y el gobierno hablan de relacionar la malversación con la sedición, de tal manera que si ha malversado un sedicioso –p.e. gente de ERC- el Código Penal casi que no lo tendrá en cuenta. Gabriel Rufián habla de que se debe hacer cirugía en el Código Penal para que ningún juez encuentre una fisura por la que poder juzgar a los condenados por sedición. ERC exige y el gobierno de Sánchez concede lo inconcedible. Cuatro tibias voces del PSOE se manifiestan en contra de todo esto, pero se esfuman pronto ante las enormes presiones gubernamentales.

               Al analizar tanta movida detecto en mi horizonte que Sánchez se radicaliza porque quiere absorber a Podemos, excepto en algunos asuntos de política exterior, p.e. la OTAN, el Sahara, ... Desde hace tiempo muchas de las propuestas y matices de Podemos son asumidos por el Presidente en el interior. Su intención es ser la única referencia de la izquierda y si no, la mayor. En el caso de que no salgan sus cuentas, seguramente podrá contar con el “Sumar” de Yolanda Díaz, ya hoy muy diferenciada de Podemos. En un año saldremos de dudas.

               Lo cierto es que Sánchez no deja de sorprenderme. Hoy, a mediados de noviembre del veintidós, somos espectadores de varias “pedradas” más donde el riesgo de despeñarse es parte del paisaje cotidiano, aunque siempre conserva cerca algún paracaídas de emergencia. Para mí, todas estas iniciativas forman parte de una huida hacia adelante que pretenden finalizar en óptimas condiciones la presente legislatura y estar en la mejor posición para la carrera electoral del 2023. Ya veremos. De todas formas un gobierno tan “presidencialista” no es santo de mi devoción.

 



[1] Adoptada como pabellón nacional de España en 1785 y ha sido bandera nacional desde entonces a excepción del periodo comprendido entre 1931-1939 (Segunda República)

[2] Publicación oficial del Partido Comunista entre 1918-1991

martes, 8 de noviembre de 2022

Polarización

 


               No. Definitivamente no me gusta la polarización política. Tampoco los polarizadores. Hablo de España. Esa España que resiste a terroristas, golpes de estado, inflación de caballo, desmemoria, crispación y oportunistas que cambian de verdad conforme van cambiando sus circunstancias o sus necesidades.

               Ante determinadas afirmaciones –genuinos eslóganes y consignas- hechas públicas de forma continuada por nuestros elegidos, paridas por el marketing de una legión de asesores -filtrados y algo comprados- me sitúo entre el desprecio y la vergüenza ajena. ¡Cuánto daño se está haciendo al patrimonio del bien común por la ambición política de unos pocos!

               Nunca pensé cuán lejos puede llegar la soberbia y las ganas de ganar al adversario tratado como enemigo. Cuanta desfachatez y cuanta mentira juntas. El intercambio de argumentos racionales entre partidos, base de la libertad y de la democracia, lo han transformado en intercambio de favores, intereses, denuncias y de insultos. Se piensa con el estómago, se juega con las emociones del personal, se habla con insolencia y se responde con tergiversación y cinismo. La vulgaridad y las faltas continuas de respeto han echado raíces en la mayor parte de nuestros mediocres líderes, sin olvidar a lideresas, claro. Los parlamentos, templos de la palabra, los han transformado en antros de distopías. El engaño y las estrategias sustituyen a los acuerdos y a la lealtad.

               El sentido común se ha reemplazado por los sentimientos y el bien común por la satisfacción de mis votantes para que sigan aplaudiéndome. La racionalidad ha desaparecido del espacio político y los corruptos afines se califican de bienhechores de la comunidad ante una ciudadanía atónita que espera que esto cambie, por supuesto a mejor. Con la guerra de Ucrania, la inflación desbocada, unas cifras del paro disfrazadas de azúcar, una deuda de estado que ya pilla a biznietos y unos precios que vuelan donde habitan los cóndores, nuestros gobiernos y oposiciones solamente deberían tener una salida: diálogo y acuerdos.

               Pero no, se empeñan en el enfrentamiento. El más mínimo tema, matiz o excusa se convierte en martillo para achantar al otro pensando que ellos solos tienen la solución.

               El socorrido ¡Y tú más! ya resulta insoportable y es ahí donde arremeten con las armas de la polarización con el ánimo de embroncar, aniquilar, machacar. Se trata de dar fuerte y que el otro no se levante, sin tener en cuenta que la ciudadanía no va por ahí y que mañana, unos y otros, se necesitarán. Pero claro: ¡Al enemigo, ni agua! ¡Cuánta equivocación! ¡Demasiada miseria!

               Los polos, temas interesados que se eligen con premeditación y alevosía, se tienen en una especie de almacén y se van haciendo públicos, tras un escalonado calendario, por medio de “portavoces de la voz de su amo” y llegado el caso, por el propio amo. Los medios y las redes sociales son los cauces habituales por donde circulan las manipulaciones con el único objeto de “comernos el coco” y convencernos de lo bien que lo hacen ellos y lo malo, malísimos, que son casi todos los demás.

               Por desgracia los temas recurrentes, de hunos y de hotros, para enfrentar abundan hasta la saciedad. Como muestra, siempre en contraposición, nunca fusión, podemos citar:

-        República - Monarquía.

-        Izquierda - Derecha.

-        Iglesia católica – Estado laico

-        Ricos – Pobres.

-        Nacionalismos – Españolismo.

-        Conservadores – Progresistas

-        Constitucionalistas y anti…….

-        Católicos y anti-idem.

-        Vencedores y vencidos, con memorias parciales en el contexto de la Guerra Civil.

-        Ecologistas – Contaminadores

-        Público – Privado.

-        Feministas – Machistas

-        Ahorradores – Despilfarradores

-        Poderes ocultos – Poderes a la vista.

-        Pro-OTAN y antiOTAN.

-        Dar pescado e enseñar a pescar.

-        Hablar mal de Sánchez – Hablar mal de Feijóo (sobre todo sin argumentos)

-        Olvidar y perdonar – Ni olvido ni perdón

-        ETA y antiETA.

-        Víctimas y verdugos.

-        Madrid y Barcelona.

-        Energía nuclear si – energía nuclear no.

-        Cambio climático, sí – cambio climático, no.

Varias señales: al polarizar solo pasa una.


               
Cómo será la cosa que, para enfrentar, algunos echan mano de don Pelayo, de los Reyes Católicos, de Cristóbal Colón, de Viriato o del apóstol Santiago haciendo gala de un revisionismo en el que los romanos (s. III a.d.C. – s. V d.d.C.) o los musulmanes (s. VIII d.d.C. – s. XV) salen bien o malparados, depende quién revise. En mi opinión juzgar con mentalidad de hoy lo ocurrido hace cientos de años es un despropósito, un desatino propio de la ignorancia o de la mala idea. Además, la historia queda para los historiadores y nunca para los políticos y menos si la escriben con leyes.

               Las diferencias políticas son connaturales con la existencia. Desde mi perspectiva son los puntos de partida para la negociación, los acuerdos y el diálogo. El corazón, los sentimientos y la pasión nunca pueden ser consejeros de un político y dejarse llevar por ideas preconcebidas, dosis de rencor, venganza o resentimiento es señal de gran inmadurez, mala voluntad y escasa sabiduría. No pido que los políticos se comporten como héroes civiles de la moral y de la ética, solo pido moderación, respeto a otras opiniones y que trabajen honradamente por TODA LA CIUDADANÍA, que para eso los hemos votado. Están para servir y no para servirse. No creo que tengan derecho a insultar al adversario ni a adoctrinarnos sobre lo que tenemos que hacer. El bien común y la democracia es el terreno de juego… Y por favor, dejen de manosear a la Constitución, reformen, legislen y gobiernen, pero no manoseen a las instituciones.

Un último ruego: a pesar de sus defectos la Transición llevada a cabo por Adolfo Suárez y compañía fue el puente que nos sacó de una dictadura y nos incorporó a Europa, al mundo y a la democracia. El compromiso colectivo y la lealtad se sobrepuso al protagonismo de las individualidades y al egoísmo histórico de casi todos. Creo que fue un buen espejo en el que algunos podrían mirarse en vez de criticar tanto a “toro pasado”. Echo de menos un monumento a la Transición y a todos sus protagonistas, no solo en Madrid, capital de España, sino también en todas las capitales de provincia, especialmente en Cataluña y en el País Vasco pues gracias a ese periodo casi mágico han conseguido las máximas cotas de autonomía de toda su historia. ¡Es de bien nacidos ser agradecidos!.

¡Tolerancia, respeto, lealtad, diálogo y acuerdos son bálsamos contra la perversa polarización!

viernes, 7 de octubre de 2022

Esperanza versus la desazón


 

Entre tontos y locos, ambiciosos y listos, todos emborrizados por una fuerte envidia y competitividad, acabaremos mal. La incoherencia es una distopía –tener cintura política, le dicen ahora- que sustenta el poder basado en la codicia personal y en la tendencia al control absoluto. Hoy la ciudadanía se ha convertido en presa apetitosa de insaciables políticos, de entidades bancarias, de multinacionales y de redes sociales. Todos, sin excepción, así lo vivo yo, se han convertido en perros de presa para los ciudadanos, con el peligro de que ocultan su agresión en un marketing de caras guapas, de bienestar del prójimo, de un relax colectivo y una falta de reflexión que narcotiza más que unas tabletas de orfidal. Nunca jamás se ocupó tanta gente de decirnos como hemos de vivir y lo que tenemos que hacer: “Yo pensaré por ti. Tú déjate llevar y disfruta. Yo sé lo que te conviene”.

Estamos rodeados de varios papeles absorbentes que intentan disecar nuestra voluntad. Su totalitarismo es tal que, si pudieran, nos colocarían dos o tres microchips para teledirigirnos.

Resulta increíble como todo oscila alrededor de nuestro voto o de nuestro dinero. La persona es valorada y clasificada por sus ideas políticas o por la pasta que tiene. Así nos catalogan de facha o progresista y de ricos o pobres o la enorme mentira de la clase media trabajadora. ¡Apañados estamos! Criticar, no coincidir, aunque sea constructiva y razonadamente, nos convierte en traidores y poco patriotas.

De esa necesidad de controlarnos nace la necesidad de saber de nosotros, sean hobbies, datos sobre nuestra salud, temas del medio ambiente, o lo que piensas de la Guerra Civil o los Reyes Católicos. Conocerte para manipularte es lo que les interesa. Las redes sociales les han venido como anillo al dedo. Estadísticas, analistas y comunicadores, incluidos personas y ordenadores (big data), son inseparables del poder político, social o económico. Se trata de torcer la voluntad sin que nos demos cuenta, hacer lo malo bueno, comprar lo innecesario, votar al que nos digan aunque nos perjudique y festejar a san hedón y lo que de ahí se derive 365 días al año. Esas son las pautas diarias que nos hacen llegar. La persona con inquietudes u opiniones diferentes a “las oficiales” está condenada al machacamiento por los que se consideran poseedores de la verdad. ¡ Demasiada soberbia!

Cuantos Quinteros, que en paz descanse, harían falta para quebrar tanto acoso, tanta desconsideración, tanta ignorancia, tanto aprovechado y tanto despropósito. Han sido muchos los que admiraron al onubense pero pocos los que han hecho caso de sus valores y observaciones. ¡Qué pena que un maestro como él no creara escuela!

De todas formas siempre nos quedarán los libros, la amistad, el canto de los pájaros y el rugir de un volcán a modo de protesta de la Tierra. Siempre estarán las flores frente a burdas mentiras vestidas con billetes; siempre se moverán las olas de los mares frente a un político sectario o ladrón y lo harán naufragar; siempre habrá yerbabuena para una buena sopa frente a la usura de un pérfido banquero y las abejas seguirán dando cera y miel aunque las multinacionales hayan convertido la Tierra en un gigamercado. Y por los pueblos, cada vez más vacíos, sin niños, sin escuelas ni médico ni cura, la sabiduría popular seguirá salvando a la universidad de su envanecimiento y la verdad y la democracia serán patrimonio de todos ... y habrá periodistas críticos, filósofos éticos y científicos rigurosos que no se venderán al mejor postor y los abuelos darán mimo a sus nietos y opinar no conllevará convencer ni discutir, solamente escuchar y aprender… y el Sol seguirá alumbrando después de una tormenta … porque los hombres y las mujeres no se van a dejar meter en la jaula dorada del silencio comprado. Por fortuna nuestra naturaleza no es un animal doméstico. Más bien me recuerda a un cóndor que se eleva, a un potrillo salvaje que se escapa, a un desierto que avanza poderoso o a un mar embravecido al que no se le pueden poner puertas. Al menos esa es mi esperanza y no la voy a despeñar. Seguimos.



domingo, 2 de octubre de 2022

Tierra de nadie


Siguiendo con la estela de la reconciliación, de la generosa etapa de la Transición (1975-1982), de la sana y plural convivencia, del perdonar y olvidar que defendió mi abuela y de que la bondad y la maldad floreció en los dos bandos que se enfrentaron, damos cuenta hoy del título “Tierra de nadie”: Otra manera de contar la Guerra Civil de Fernando Ballano, con el prólogo de Juan Eslava Galán (Arzalia ediciones, 2021).

               Se trata de una obra muy documentada donde el enfoque es lo común. El autor ha indagado hasta la saciedad para encontrar aquellos aspectos, situaciones y circunstancias que se repitieron en los dos bandos y casos en los que se pusieron de acuerdo: así la lealtad geográfica fue frecuente, es decir, la gente combatió a favor de unos porque, cuando ocurrió la sublevación, vivía en zona A aunque su pensamiento fuera de la zona B. En ocasiones, esa lealtad fue obligada. La comunicación inter-trincheras se dio en multitud de sitios y a lo largo de toda la guerra: unos y otros le preguntaban a los de enfrente por familiares y amigos; a veces cantaban canciones juntos después o antes de un feroz tiroteo. Los intercambios de comida, tabaco, prensa, favores etc desafiando a los respectivos jefes formaban parte de lo cotidiano.

               De lo común también formó parte que el enemigo estaba en el propio bando debido a diferentes facciones e ideologías que se disputaban el control de determinadas carreteras, ciudades o pueblos. Ambos bandos sufrieron lo indecible, padecieron enfermedades, plagas, tuvieron miedo, hambre frío, soledad, …

               Rojos y azules, azules y rojos, tuvieron desertores, jefes sinvergüenzas y honrados, intentos de suicidios, héroes que derrocharon vida y hacienda por una España mejor, … en ambos bandos hubo miembros de la misma familia que se enfrentaron hasta el final. En uno y otro lado hubo enchufes y enchufados que se salvaron por amistad, amor o vaya usted a saber. Los chivatos eran multitud en las dos partes y muchos actuaron por venganza, envidia, celos o por dinero. También hubo gente de un bando que intercedió por presos o represaliados del otro.

               Es un libro repleto de detalles de humanidad, de la gente de abajo – personas llanas y sencillas- que padecieron las decisiones de los de arriba, fueran militares o políticos. Su lectura te cambia la visión de una contienda que fue desastrosa para todos. Es una perspectiva alejada de los grandes personajes que quedan fascinados por su propia soberbia y por pasar a los libros de historia.

               Sin despreciar la historia, para nada, basada en hechos y documentos contrastados, escrita por historiadores que se interesan por la verdad, personalmente me gustan este tipo de trabajos que aproximan personas y posturas. Son relatos, recopilaciones para la esperanza. Considero absurdo que nuestros padres y abuelos se perdonaran, u olvidaran, deudas, ofensas y delitos y los hijos y nietos sigamos recordando lo malos que fueron unos y lo buenísimos que fueron los otros, cuando todos sabemos que en todos los hornos se cocieron panes y penas de todos los colores.

               Estoy de acuerdo con “ni un muerto de la guerra en ningún otro sitio que no sea un cementerio, si la familia así lo determina”. La casa natural de los muertos es y debe ser la que siempre lo ha sido: el cementerio. Por cierto que aprovecho para reclamar, con la tranquilidad necesaria, que en todos los cementerios haya una zona civil, laica, y otra religiosa. Nadie puede imponer a nadie donde ni cómo se entierran sus difuntos. Y si la parte religiosa se tiene que dividir en tres o cuatro zonas, hágase.

La pena es que todavía algunos –los hay a derecha y a izquierda- después de más de ochenta años que se acabó la guerra, no quieren olvidar y se alimentan de un odio desfasado y del enfrentamiento. Utilizar aún la Guerra Civil como arma arrojadiza en unas elecciones me parece insensato e inmoral ¿Hasta cuándo y por qué? … no dejo de preguntarme.

Si en plena guerra civil las situaciones de confraternización entre españoles de los dos bandos se contaron por decenas de millares, en ocasiones desafiando a sus respectivos jefes, ¿por qué ahora personas que viven instalados en el bienestar, no vivieron aquello, tienen formación, etc, etc, se empeñan en enfrentarnos y cocinan la semilla del odio en sus entrañas para sembrarlas en la sociedad?

¡¡¡ Mi mayor desprecio ante esas actitudes, vengan de dónde vengan!!!






Si en plena guerra civil